Educación

La autenticidad es la excelencia

30 de enero de 2013

Cartel fruto del arrebato creativo con Isaac Ballesté, amigo y diseñador gráfico que aprovecho para presentaros y recomendaros. Isaac también ha participado como asesor en mi página web y en la portada de mi último libro; es inteligente, atractivo y este es su perfil profesional.

 

Es mucha la gente que vive temerosa de perder un trabajo que en el fondo no desea. Es duro no tener trabajo, eso nadie lo niega, pero más triste es aún no saber cuál es nuestra vocación ni qué queremos ofrecer al resto de la comunidad. ¿Cómo puede ser que tantas personas acaben pasando la mayor parte de su vida confinadas en tareas que les resultan indiferentes o que directamente les repatean los higadillos? ¿Cómo diablos hemos llegado hasta aquí? La mayoría hemos transitado durante años como presos de un cautiverio educativo. Quien más y quien menos hemos seguido a pies juntillas ritmos, temarios y protocolos que poco o nada tenían que ver con nuestros intereses.

Genios aparte, que levante la mano el primero que se acuerde de hacer una raíz cuadrada, una ecuación de segundo grado, un algoritmo neperiano; que levante la mano quien se acuerde de la constante de Planck, del nombre de la capital de Birmania, de qué exactamente es un oxímoron o cuáles las principales placas tectónicas. Horas y horas empollando y vomitando a continuación, en una especie de bulimia informativa certificada por la nota de un maestro en la esquina de un papel. Y no digo que todas estas no sean cuestiones importantes, pero una cosa es tener un conocimiento general sobre el que después profundizar, si apetece, y otra aprender toneladas de datos que jamás volverás a utilizar. Lo que importa no es la información sino las motivaciones que forjarán nuestros retos y preguntas. Cuando la llama del conocimiento se enciende no hay quien la pare. Favorecer esta inquietud/pasión debería de ser, desde mi punto de vista el principal objetivo de la educación.

El afán memorístico de nuestros mentores mengua por momentos;  gracias a la tecnología es cada vez más evidente que lo importante no es acumular una lista de datos inconexos de aquí y de allá, sino saber qué buscar y dónde buscar.

Me pregunto qué hubiera pasado si parte de ese tiempo empleado en memorizar el ciclo de Krebs y la fórmula para calcular el área de la elipse, la hubiéramos dedicado a depurar la escucha y la comunicación entre nosotros, a explorar las diferencias y todo aquello que nos separa de los demás y también lo que nos une; a discriminar la manipulación de la claridad, la imposición del respeto, el abuso del consenso, la agresión del cuidado… a ponernos en paz con nuestras necesidades y nuestros límites personales, a reconocer nuestros dones y capacidades, a exorcizar miedos, a escuchar los anhelos, a reconocer y alimentar los valores que queremos que nos definan como personas.

Quien se ha sentido respetado y querido ama la vida y desea maravillarse experimentando el misterio de la existencia. La pasión por el conocimiento desde este lugar fluye sin esfuerzo, de forma natural, direccionada, integrada. Es por todo ello y por mucho más, que el mayor legado que podemos ofrecerle a nuestros hijos y a nuestra sociedad es una educación para Ser.

Mi total apoyo desde aquí a todos aquellos padres, educadores y colectivos que con su discreto y a menudo a contracorriente esfuerzo, están construyendo caminos en esta dirección.

Los que queráis seguir leyendo mis opiniones al respecto, podéis hacerlo a través de este enlace directo al capítulo: “otro tipo de educación”.

Los que queráis propagar estas ideas ya sabéis… a compartir que son dos días.

 


9 comentarios en la entrada : La autenticidad es la excelencia

  • Sergi

    31 enero 2013

    Sólo puedo decir una cosa … Amén.
    Mentira, voy a decir más… Me entristece enormemente este aspecto, sobretodo mirándolo en mí mismo, pero también viendo la gente de mi alrededor. Tanta gente sin tener ni idea de que les apasiona o en que quieren invertir el resto de sus vidas. Sin duda el sistema educativo debe cambiar, y mucho, pero como tú muy bien dices en tus libros ahora ya somos responsables de nosotros mismos, es el momento de escucharnos y no perder ni un minuto en un camino que ya no es el nuestro.

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    • Pablo Palmero

      31 enero 2013

      Amén

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  • Ana Roncal

    17 febrero 2013

    Pues soy de las que levanto la mano, sé hacer raices cuadradas e incluso me creaba yo las mías propias pegando dos folios con celo para que fueran más complicadas. Y ya no digo de las ecuaciones y combinaciones con repetición. No sirven para nada, pero si eres capaz de que te gusten estas cosas tan absurdas, seguro que uno está abierto a cosas no tan absurdas.

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    • Pablo Palmero

      19 febrero 2013

      Lo que explicas es un claro ejemplo de que cuando algo te interesa acabas integrándolo (hablo de las raíces cuadradas y tal). Pero como todos somos diferentes, yo abogo por exponer a los niños un conocimiento general de base y ayudar después, a que cada uno profundice según sus intereses, potenciales y capacidades. Hay sistemas de enseñanza que llevan décadas siguiendo esta línea de respeto hacia el ritmo y los intereses de los niños, y los resultados son extraordinarios (para más información véase el sistema de enseñanza de Pestalotzzi). Forzar la homogenización mata la diversidad y envilece la creatividad.

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    • Home del Metall

      2 octubre 2014

      Sin ánimo de ofender: ni son inútiles ni son absurdas, sencillamente no para todo el mundo. Pero entiendo que a veces confundimos la leche con la velocidad: esto no deja de ser un problema muy complejo, y a pesar de que jamás me gustó la historia, creo que hay que darla. No hace falta saber en qué año Guifrè el Pelòs perdió la virginidad, pero vaya, que no sé hasta qué punto la diversidad de contenidos tiene que estar reñida con el estímulo del autoconocimiento.

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      • Pablo Palmero

        2 octubre 2014

        ¡Bienvenido seas compañero del Metal! Creo que estamos de acuerdo en la importancia de tener un conocimiento general y diverso. Nadie dice que sean cuestiones inútiles ni absurdas, sino que haría falta una enseñanza más flexible y personalizada. Partir de un conocimiento general, y que cada uno pueda profundizar según sus cualidades e intereses. Lo que sigue imperando actualmente es una educación adocrinante que embute datos de forma uniforme y por imperativo legal (Véanse los últimos esperpentos de Wert). Por cierto… Si no recuerdo mal lo dicho en aquella calurosa clase de Wiki-EGB, el hispanogodo y último conde de Barcelona, Guifré el Pelós (Wifredo el Velloso para los castizos), debió perder la virginidad más pronto que tarde. El payo tuvo nueve hijos con Guinidilda de Ampurias, pero el hecho que Su primer hijo lo tuvo el 874 y su casorio fue en el 877, hace intuir que no temía el sexo fuera del matrimonio; por lo que la pérdida de su virginidad, aunque de difícil cálculo, tampoco debió ser tardía.

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  • Judith

    20 febrero 2013

    Crec que s’està provant de canviar aquest sistema tradicional cap al que ara anomenen «enfocament comunicatiu», però no serà fàcil ni ràpid canviar-lo…

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    • Pablo Palmero

      20 febrero 2013

      De nosaltres depén.

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  • Ester Palmero

    21 marzo 2013

    ¡Qué bien escribes hermanito! me encanta leer con tanta claridad algo con lo que estoy totalmente de acuerdo! y no puedo dejar de emocionarme al soñar con que esa autenticidad, respeto, cuidado, libertad… son posibles!

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